En defensa propia, por Mises Hispano.

Imagina que estás en tu habitación, en cama, durmiendo. Son las 3 de la mañana y tu esposa está a tu lado. Ambos intentan recuperar un poco de sueño antes de volver a arrancar la jornada laboral en apenas un par de horas. De repente un sonido extraño es detectado por tu oído y tu sentido natural de alerta hace que abras los ojos y busques en la oscuridad la fuente de ese ruido. A medida que tomas conciencia de tu ubicación y de la naturaleza de los sonidos tu cuerpo empieza a liberar adrenalina, tu corazón empieza a acelerarse y el letargo del sueño te abandona reemplazado por una sensación de peligro. Tus ojos encuentran a un extraño hurgando tus cosas, revisando tus cajones, arma en mano. Afortunadamente tu también tienes un arma, está sobre tu mesa de noche, esperando a que la tomes.

Supongamos también que en ese mismo instante puedes presionar el botón de STOP de un control remoto mágico como el del personaje de Adam Sandler en la comedia con moraleja “Click” y logras parar el tiempo. En ese mismo instante, siendo invadido por un criminal armado y teniendo un arma a tu alcance cercano debes tomar una decisión:

  • a) Te haces del dormido y dejas que el maleante se vaya con tus propiedades, fruto de tu esfuerzo, y luego haces una denuncia policial. Sabes que te arriesgas a que nunca recuperes tus posesiones ya que es la norma en este tipo de situaciones pero decides hacerlo porque cazar al criminal es tarea de la Policía.
  • b) Forcejeas con el maleante inclusive amenazándolo con tu arma para que se rinda y deje tus posesiones en su lugar. Llamas a la policía que viene a recogerlo y se inicia un proceso judicial en su contra en donde probablemente ganes ya que fue detenido en delito flagrante. El riesgo es que el maleante busque venganza al salir de la cárcel o a través de amigos o familiares.
  • c) Tomas el arma de tu mesa de noche y sin mediar palabra disparas a matar. El maleante muere y tu argumentas defensa propia sabiendo que de cualquier manera la Justicia abrirá un proceso en tu contra por, muy probablemente, homicidio doloso con el atenuante de la excitación emocional. Te arriesgas a una demanda por resarcimiento económico de parte de la familia del maleante y a la presión de los grupos llamados de defensa de los derechos humanos. Así mismo disparar a herir para luego entregar a la policía trae los mismos inconvenientes que el punto B.

Ahora volvamos a la realidad. No tenemos ese control remoto mágico que nos permite utilizar tiempo parado para pensar y tomar la decisión que creemos correcta. El maleante está al acecho, cada vez más cerca y debes actuar. ¿Qué harás? ¿Qué decisión tomarás? ¿Defenderás a tu familia y a tu propiedad a todo lugar o buscarás ayuda de las agencias del Estado? Es una pregunta que todos deberíamos hacernos desde ya, en el seguro refugio de nuestra imaginación. Personalmente he pensado en esta situación durante mucho tiempo y mi mente ya está entrenada para tomar la legítima decisión de defender mi vida y mis posesiones aunque esto implique tomar la vida de quien decidió no respetar la mía.

Este es un llamado a la defensa propia como argumento legítimo para la protección de la vida y propiedad de cada uno. Es hora de que la Justicia del Estado deje de procesar a quienes, amparados en su derecho natural, defienden lo que es suyo.

Te pido que comiences a pensar en qué harías tú.


 

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