No hay economía en los estudios de impacto económico, por Mises Hispano.

thumbs.PNGLos estudios de impacto económico están a la orden del día.

Ya sea para apoyar un nuevo proyecto de carreteras, desgravaciones fiscales especiales para la energía solar, la construcción de un centro cívico o complejo deportivo o promover subvenciones para los productores de películas de Hollywood, podemos encontrar un estudio de impacto económico, a menudo indicando lo estupendo que sería el proyecto para la economía estatal o local.

La fórmula es sencilla, predecible y eficaz. Un grupo de intereses especiales que busca beneficiarse con el proyecto financia un estudio de impacto económico que pretende proporcionar números impresionantes sobre el número de empleos, el aumento de salarios y la producción adicional que se generarían mediante el proyecto o subvención y lo hace sobre una base sector a sector. Hace afirmaciones grandilocuentes acerca del mucho crecimiento económico general que se impulsaría en general tanto para la región como el estado. Una vez se completa el informe, el grupo de intereses especiales que pagó el estudio mostrará estos resultados en notas de prensa, que serán tomadas por los medios de comunicación de masas en buena parte acríticos, asegurando que reciben cobertura política quienes toman las decisiones políticas y otros que determinan el destino del proyecto.

Todos estos estudios tienen varias cosas en común. En primer lugar, normalmente usan modelos propietarios a la venta, con acrónimos como  IMPLAN (Impact Analysis for Planning), CUM (Capacity Utilization Model) o REMI (Regional Economic Model, Inc.). Los derechos de uso de los modelos son adquiridos por las empresas profesionales de consultoría que son contratadas por los grupos de interés para realizar los estudios. Además, raramente quienes realizan realmente los estudios tienen formación formal en economía. Por el contrario, su experiencia es el uso de uno o más de los modelos propietarios antes mencionados. Y finalmente, todos estos estudios ignoran principios básicos de economía y, como consecuencia, no miden de manera coherente lo que afirman estar midiendo: el impacto económico de las políticas y proyectos públicos que están evaluando.

Análisis real del impacto económico: “lo que se ve y lo que no se ve”

Para evaluar adecuadamente el impacto una actividad económica, ya sea a la construcción de un centro de convenciones o un estadio deportivo o la instalación de una enorme central de energía solar, debe entenderse antes que el proyecto generará actividades directamente observables que uno puede razonablemente esperar que ocurran y que habrá actividades económicas que no se produzcan pero que se habrían producido otro caso. Por definición, estos impactos, aunque sean reales, no son directamente observables.

Y la segunda categoría es lo que los economistas llaman costes de oportunidad. Los costes de oportunidad son el resultado del hecho de que toda actividad económica usa recursos escasos que, bajo condiciones normales, se usarían para otros propósitos si nos hubiera producido el proyecto bajo consideración. Los costes de oportunidad, mientras sean reales, están por su naturaleza relacionados con usos de recursos que son desviados de actividades económicas que se habría llevado a cabo en otro caso y por tanto no se ven.

Ningún estudio de impacto económico que no trate de evaluar estos costes de oportunidad puede calificarse legítimamente como análisis económico. De hecho, no tratar de tener en cuenta esto último se considera el mayor error que cometen los no economistas cuando piensan acerca de asuntos económicos. Como es sabido que señaló el famoso economista del siglo XIX Frédéric Bastiat: “Solo hay una diferencia entre un mal economista y un buen economista: el mal economista se limita al efecto visible; en el buen economista considera tanto el efecto que puede verse como aquellos efectos que deben preverse”.

Por ejemplo, imaginemos que un gobierno local decide que quiere gastar 20 millones de dólares en la construcción de un centro de convenciones para atender tanto la comunidad local como posiblemente a grupos de otros lugares que podrían usar la instalación para reuniones o conferencias. En general, ¿que tendría que tener en consideración un verdadero estudio de impacto económico? Por supuesto, el estudio observaría primero “lo que se ve”, es decir, el efecto del gasto de 20 millones de dólares sobre los sectores que podrían verse directamente afectados, como el sector de la construcción, los suministradores locales de materiales y equipamiento, la demanda laboral en estos sectores, etc. Estos serían efectos inmediatos al empezar la construcción y mientras se lleve a cabo hasta completarse. Por supuesto, los restaurantes y hoteles locales podrían beneficiarse y por tanto aumentar su producción como resultado de este nuevo negocio. Si se paga más la mano de obra en estos sectores, entonces estos trabajadores saldrán y gastarán parte de ese dinero aumentando la demanda de otros productos. A estos se les llama a menudo defectos de onda o secundarios del gasto de 20 millones de dólares y son lo que normalmente se llama el efecto “multiplicador” del gasto inicial.

Lo que pasa es que, al menos conceptualmente, estas actividades realmente se producen y pueden verse. Pero lo que debe advertirse es que ninguna de ellas es gratuita. Todo dólar que se gaste mientras se producen estos “impactos” y todo recurso que se use, incluyendo la mano de obra, tendrá un costo invisible de oportunidad. Empezando con los 20 millones de dólares originales, la pregunta es sencilla. ¿Qué actividades económicas se habrían producido si ese dinero hubiera permanecido en manos del contribuyente? Se habría gastado en diversos bienes y servicios o almacenada en bancos locales y por tanto habría tenido un impacto económico que también habría tenido efectos secundarios asociados con él. Esto tendría que restarse de los efectos visibles.

Durante el proceso de construcción del centro de convenciones, como se explicado, se usarían recursos locales. Por ejemplo, aumentaría la demanda de mano de obra, lo que significa que los salarios aumentarían para algunos por el proceso de contratar personal alejándolo de otros usos posibles. Algunas industrias locales sin relación con la construcción del centro de convenciones verían aumentar sus costes y, o bien contraerían sus negocios o bien reducirían la inversión de una futura expansión. Esto significa que otros trabajadores, de nuevo aquellos no relacionados con la construcción del centro de convenciones, verían una reducción en la demanda de sus servicios frente a la que habría habido en otro caso y se enfrentarían a la perspectiva de salarios más bajos.

Lo que hay que señalar aquí es que esto se produciría al tiempo que se generan los efectos visibles secundarios o de onda que se están analizando. Lo que tiene que entenderse es que las mediciones de los efectos visibles están en realidad describiendo cómo la construcción del centro de convenciones o cualquier proyecto similar están absorbiendo recursos de otras actividades económicas. Una verdadera evaluación del impacto económico de este o de cualquier otro proyecto tendría que estimar las pérdidas debidas a estas actividades que no se ven y restarlas de los valores asociados con las actividades que se ven.

En el hecho es que los estudios de impacto económico que son habitualmente invocados por los grupos de interés y los gobiernos estatales y locales ni siquiera tratan de hacerlo bien. En una descripción de uno de los modelos más comunes ofrecida por el departamento de comercio de EEUU, se dice que: “Como los políticos y el público se muestran a menudo escépticos acerca de las afirmaciones de impacto económico, se necesitan análisis creíbles para demostrar los efectos del proyecto. Los colaboradores estatales y locales tienen que entender cómo puede afectar un nuevo proyecto a la renta, la producción o el desempleo en su economía”. Esta declaración captura la esencia de lo que está mal en todos los modelos de impacto económico comúnmente utilizados. También ayuda a explicar por qué no pueden calificarse apropiadamente como modelos “económicos” reales. La posibilidad de que los “nuevos proyectos” resten a cualquiera de estas tres variables no es parte de la visión. Hay una razón para esto. La posibilidad de que un nuevo proyecto pueda causar una reducción neta en renta, producción o empleo queda eliminada de los modelos gracias a su metodología. Lo que “no se ve” de los costes de oportunidad queda sin examinar y por tanto no se tiene en cuenta. Bastiat calificaría esto como “mala economía”. Yo iría un paso más allá y diría que no es economía en absoluto.


El artículo original se encuentra aquí.

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