No es racista buscar una ‘salida’, por Mises Hispano.

La neoreacción, alternativamente llamada la Ilustración Oscura, es un movimiento intelectual único, centrado en algunos blogs que promueven un paquete enorme de reformas sociales. Estas reformas, entre otras, incluyen un retorno a los roles de género tradicionales, la monarquía, y típicamente, a un sistema económico orientado al libertarismo. Hay un consenso superficial en qué es lo que está mal con la sociedad y qué tipos de sociedades deberían existir. Sin embargo, sería una sobresimplificación pretender que cada pensador está comprometido con cada una de estas reformas potenciales.

La razón principal que une a los neoreaccionarios sigue siendo motivo de debate dentro del movimiento. No hay un consenso definitivo, pero muchos ven la neoreacción como una especie de herejía libertaria: piensa en un libertarismo sin la parte democrática. Mencius Moldbug, un blogger popular que escribe desde 2007, es figura central, cuya crítica de la sociedad progresista ha provisto de un marco dentro del cual se ha desarrollado el pensamiento neoreaccionario.

Lo primero que descarta un neoreaccionario es toda pretensión de igualdad y equidad. Cualquiera podría asumir esta posición con suma facilidad; a la naturaleza no le importa la igualdad. La humanidad no evolucionó para alcanzar una utopía sin clases sociales donde existen conflictos entre los individuos. Por otro lado, la humanidad sí ejemplifica la brutalidad de la naturaleza en sus formas más sutiles. Frecuentemente, la estabilidad de una sociedad no solo es compatible sino también dependiente de lo que los modernistas llaman “opresión”. Pero para el neoreaccionario, esto solo ofusca el tema en cuestión. Si se desestabiliza una sociedad, se está poniendo en riesgo todo potencial para el progreso humano. Desde ese punto de vista, aprender a defender la civilización actual es más importante que rebelarse contra ella.

Acá el punto no es tanto justificar la desigualdad, sino más bien preguntar: si la desigualdad es natural, ¿cómo podemos hacer que la desigualdad trabaje para nosotros? No trabajemos en contra de la naturaleza humana, más bien busquemos ponerla al servicio del proyecto de civilización que tengamos.

Si se usa el marco propuesto hasta ahora, es inevitable que la segregación e integración racial se evalúen muy distinto a como lo haría la sociedad actual. En lugar de poner al multiculturalismo y a la diversidad en un pedestal, los neoreaccionarios las reciben con sospecha y escepticismo. Para ellos es válido preguntar si estas normas son siempre sostenibles o si se deberían evitar del todo.

El culto a la integración destruye identidades que son atesoradas por aquellos que están siendo integrados. Por ejemplo, uno no puede estar orgulloso de su “identidad blanca” sin que se le acuse de racismo, sin embargo el orgullo por la identidad negra e hispánica es considerado como una bondad innegable. No debería sorprender que estas disparidades provoquen intentos de recuperar algo de la identidad blanca sin caer en la forma moderna del peso que conlleva ser un hombre blanco: una existencia llena de culpa y autoflagelatoria.

Toda instancia de identidad blanca necesariamente representa una amenaza para otros grupos raciales y es identificado como racismo según la National Association for the Advancement of Colored People. Simplemente intercambie “blanca” por cualquier grupo que históricamente haya sido marginado y se vuelve evidente que en círculos antiracistas de hoy se permite la última forma aceptable de racismo. Una convención del National Policy Institute que atrajo apenas 100 participantes fue catalogada como un meeting de “supremacistas blancos” y fue ridiculizada por Salon. Ahora imagine las consecuencias para un blogger que le diera a una conferencia del National Council of La Raza un tratamiento similar.

Esto explica la perspectiva de gente como Jason Kuznicki, quien critica a Nick Land, autor de La Ilustración Oscura, al identificar una desinteresada defensa del etno-nacionalismo como si fuera nacionalismo blanco. Land, quien escribe como un Lovecraft posmoderno, se deja abierto a interpretación por caer en estilos de horror sicológico. No es de sorprenderse entonces que Kuznicki bautizara al nacionalismo blanco como “neoreacción oscura”, término que en realidad nadie usa.

Sería un error asociar la neoreacción con el nacionalismo blanco o con cualquier tipo de nacionalismo. La neorreacción es menos un intento de movimiento político cohesivo y más una promoción de una base ideológica para reformas sociales exitosas. Hasta el momento, lo normal es esperar una pluralidad de filosofías políticas entre reaccionarios, porque su principal objetivo es oponerse al panorama político que define Occidente tanto a nivel doméstico como en el extranjero.

No es de sorprenderse que cualquier defensa del etno-nacionalismo, de inmediato traiga a la mente hombres de paja como el KKK, dada la aversión cultural a hablar de raza. Sin embargo, es importante entender lo que sus proponentes quieren decir cuando usan el término.

El etno-nacionalismo reconoce que las diferentes etnias son distintas entre sí. Ya sea por normas culturales o por diferencias biológicas innatas, el etno-nacionalismo no tendría razón de ser si no hubiera diferencias entre grupos de personas de distintos orígenes. Diferentes etnias tienden a pensar distinto y tienden a formar distintos valores. El etno-nacionalismo no intenta favorecer un color de piel sobre otro; las etnias no son mejores o peores, solo distintas. Estas diferencias no necesitan de ser tan grandes, si se toma en cuenta lo que le cuesta a la gente llevarse bien incluso con gente similar.

Podemos concluir que estas diferencias son significativas porque la gente prefiere asociarse con otros como ellos. Según el neoreaccionario, el nivel de segregación que existe actualmente, es explicable por factores históricos como la opresión, pero también es parcialmente explicable por la preferencia de grupos por asociarse con ellos mismos. Dicho de forma sencilla, si soy blanco, me va a ser más fácil empalizar con blancos. Entre más diferente a nivel étnico, sea alguien de mí, más me va a costar ponerme en sus zapatos y vice versa. Esto significa que la gente de un mismo grupo étnico se asociará más fácil con gente de su mismo grupo que con gente de afuera. Eso no quiere decir que tengan resentimiento hacia otro grupo en particular, simplemente se llevan más fácil con gente similares a ellos.

En mi libro “What is Neoreaction?”, distingo entre nacionalismo y cosmopolitismo, usando como base el grado de integración étnica. Pequeños pueblos, por ejemplo, tienen a ser más racialmente uniformes, mientras que las ciudades tienen a ser más racialmente diversos. El primero es más nacionalista, mientras que el segundo es más cosmopolita. Cada uno de esos arreglos son distintos, con ventajas y desventajas. La ventaja del nacionalismo es que permite que la gente se asocie más fácilmente, mientras que la ventaja del cosmopolitismo es que uno se expone a una diversidad cultural. El punto no es que haya una intrínsecamente mejor (personalmente prefiero la ciudad), pero si prefiere el pueblo, bien por usted y si no, también. De cualquier forma, a nadie se le debería forzar a vivir en un arreglo más cosmopolita o nacionalista de lo que uno quisiera. A pesar de no tener más libertad de asociación en EEUU, esa siempre ha sido su idea.

Siempre y cuando la neo reacción favorezca estados más pequeños formados por arreglos sociales coherentes (e.g. la solidaridad étnica tan solo es uno de los arreglos sociales coherentes), siempre vamos a defender el derecho de secesión. Si Silicon Valley quiere salirse y formar su propia sociedad, que lo hagan. Si Escocia quiere separarse del Reino Unido, que los dejen. Si Texas no desea ser parte de la Unión Americana, dejen que se vayan. Lo mismo para el resto de estados. Las discusiones sobre nacionalistas blancos deben entenderse dentro del contexto de etno-nacionalismo y no de supremacía racial. Es cierto, los supremacistas blancos pueden ser etno-nacionalistas, pero no todos los etno-nacionlistas son supremacistas raciales.

Querer ser dejado solo para establecer una identidad separada, siguiendo criterios étnicos o cualquier otro, sin la intervención de los cosmopolitas ‘buenistas’ no te hace racista. Simplemente te hace no-cosmopolita. ¿No es por eso que dejamos de creer que el colonialismo es algo bueno? El neoreaccionario sólo aplica esa lógica un paso más y dice que la integración coercitiva -socioeconómica, racial o de cualquier otra clase- es simplemente colonialismo interno.


Traducción por Fabián Montealegre. El artículo original puede ser visto aquí.

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