Cómo deberíamos llamar a los ciclos económicos, por Mises Hispano.

boombust.PNGLos economistas llevan mucho tiempo con juegos semánticos con respecto a los ciclos económicos. En particular, tratan de rebajar la importancia de las crisis y ocultar sus causas.

Para empezar, las burbujas y crisis económicas inicialmente se niegan y luego normalmente no se nombran hasta que han acabado y sectores concretos de la economía han revelado ser lo que Lionel Robbins llamaba “un racimo de errores empresariales”.

La burbuja inmobiliaria fue una excepción porque era evidente para los economistas austriacos que ya había una burbuja en 2002 y que se concentraba en la vivienda debido a sus diversas subvenciones, desgravaciones y regulaciones públicas.

Murray Rothbard explicaba que los economistas han usado juegos semánticos con respecto al nombre de los ciclos económicos. Hasta la Gran Depresión, una crisis económica normalmente empezaba con un auge, seguido por un “pánico” y concluía con una “depresión”.

Después del desastre de 1929, economistas y políticos resolvieron que esto no debía ocurrir nunca de nuevo. La forma más sencilla de conseguirlo era simplemente definir las “depresiones” de forma que no pudieran existir. A partir de ese momento Estados Unidos ya no iba a sufrir más depresiones.

Esta cita viene del brillante y conciso panfleto de Rothbard Economic Depressions: Their Cause and Cure, que se publicó por primera vez en 1969 un en vísperas de lo que se llamaría la Depresión de 1970-1982, pero a la que ahora nos referimos como la estanflación de la década de 1970. ¡No hemos tenido todavía ninguna “depresión”, solo recesiones!

Incluso el término recesión puede parecer demasiado duro, así que ha sido sustituido por términos alternativos como “desaceleración” y “ralentización” y si se usa la expresión recesión, normalmente solo se hace después de que la ralentización ha pasado y cuando se reúne y se pronuncia el Comité de Datación de Ciclos Económicos de la Oficina Nacional de Investigación Económica. Por suerte para él, el comité no tiene una definición de actividad económica.

Minimizar los efectos negativos de las crisis económicas es algo que cabe esperar, dado que los economistas públicos se supone que mantienen la economía en marcha con políticas monetarias y fiscales. La mayoría de los economistas ortodoxos están de acuerdo con Karl Marx en que los ciclos económicos son propios de la economía de mercado. Empresarios y consumidores hacen cosas irracionales, de manera que los economistas tienen que intervenir y arreglar la situación.

Antes de la Gran Depresión, Estados Unidos experimentó los apropiadamente llamados pánicos de 1819, 1837, 1857, 1873, 1907 y sus consiguientes depresiones, junto con la rápidamente resuelta depresión de 1920-21. Aunque más apropiadamente nombrados en términos de gravedad, estos nombres dan la impresión a los lectores de los libros de texto de historia estadounidense de que estas crisis aparecieron misteriosamente en la economía de mercado y en una población temerosa y psicológicamente deprimida. Es verdad que la gente tenía miedo durante un pánico y se deprimía durante una depresión, pero el mundo es un lugar de causa y efecto económico. Como señalaba Rothbard:

De hecho si miramos a nuestro alrededor en la economía de un día o año medio, encontraremos que las pérdidas no están muy extendidas. Pero, en ese caso, lo extraño que necesita explicación es esto: ¿Cómo es que, periódicamente, en tiempos previos a las recesiones, especialmente en las agudas, los negocios experimentan repentinamente un grupo masivo de graves pérdidas? ¿Llega un momento en el que las empresas empresarios antes muy astutos en su habilidad para conseguir ganancias y evitar pérdidas, repentina y lamentablemente se encuentran, casi todos, sufriendo pérdidas graves e incalculables? ¿Cómo es eso? He aquí un hecho trascendental que cualquier teoría de las depresiones debe explicar.

Yo prefiero que se llame a las burbujas por su causa, en lugar de por su efecto. Por ejemplo, los economistas austriacos tratan de encontrar la causa difícil identificar de un problema económico en lugar de los efectos obvios. Así, por ejemplo, para los austriacos “inflación” es un aumento de la oferta monetaria, que a su vez tiene muchos efectos. Los economistas ortodoxos usa la palabra inflación para referirse a un aumento los precios: uno de los diversos efectos de un aumento en la oferta monetaria.

Rothbard insinúa esta aproximación en el prólogo de su libro The Panic of 1819: Reactions and Policies.

Tampoco podía atribuirse sencillamente a la maquinación o los errores de un hombre o a una mala acción del gobierno que pudiera arreglarse eliminando la causa del perjuicio. De ese modo las dislocaciones económicas de 1808-15 se atribuyeron al “embargo de Jefferson” o a la “guerra de Madison”. En resumen, era una crisis marcada con fuertes indicios de una depresión moderna: parecía provenir misteriosamente del propio sistema económico.

Basándome esta aproximación de atribución de nombres, preferiría calificar a la burbuja actual como la burbuja Bernanke-Yellen, porque ellos la han causado. Asimismo, la burbuja inmobiliaria podría renombrarse como burbuja Greenspan-Bernanke. La burbuja punto com igualmente recalificarse como la burbuja Greenspan. Al usar la causa como adjetivo, se proporciona un gran servicio educativo. No solo se identifica la causa, se elimina el misterio y también se insinúan posibles remedios.

¿Es culpa del presidente del banco central? ¿Es culpa del comité de que establece el tipo de interés? ¿O es culpa del sistema de banca centralizada? Indudablemente, no es culpa de los constructores o los empresarios de las empresas tecnológicas.

También es una aproximación especialmente útil para la actual burbuja, porque muchos sectores de la economía se han visto afectados de manera importante. Terrenos agrícolas, vehículos motorizados y préstamos automóvil, banca, bonos, arte contemporáneo, acciones cotizadas, educación superior y préstamos a estudiantes, fusiones y adquisiciones, navegación marítima y cruceros, medios de comunicación social, tecnología, vivienda, inmuebles, mercado de terrenos, etc., se han visto notablemente afectados. ¿Podrían ser todas estas burbujas sencillamente crecimiento económico sostenible?

Es posible, pero un largo periodo de tipos de interés ultrabajos indica otra cosa. Además, están los cotilleos informativos que indican claramente que tenemos la burbuja encima.


El artículo original se encuentra aquí.

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